Nueva entrega de la colección de comentarios que el propio Joaquín Díaz está realizando, en exclusiva para nuestro blog, sobre todos sus trabajos discográficos. Ha llegado el turno a “Romances de ciego” (1979).
Os recuerdo que también podéis acceder a él mediante la entrada correspondiente de la categoría “Joaquín comenta su obra” (pincha aquí), así como con la ficha correspondiente al disco (pincha acá).
Desde que comencé a interesarme por el repertorio tradicional que se había popularizado gracias a los cantores ambulantes, la figura de los ciegos españoles transmisores de noticias y entretenimiento por medio de los pliegos sueltos me pareció trascendental.
En mi imaginación estaba ya aquel momento -descrito por Arturo del Hoyo en sus notas al Viaje por España de Davillier- en que se reflejaba el encuentro en la estación de tren de Manzanares entre la reina Isabel II y la llamada “ciega de Manzanares”, o sea la nobleza y el pueblo. Me había aprendido de memoria (ya que el libro fue una lectura imprescindible en nuestras convalecencias infantiles) los versos que le cantó la anciana rapsoda a Isabel:
“Clamaré con voz altiva / que viva / coronada de laurel / Isabel”… El poema, pobre pero digno, me parecía un resumen perfecto del oficio de vate en el que se combinaban la voz, la noticia y la alabanza a los personajes heroicos y legendarios.
Al ponerme en contacto con la realidad de la tradición y después de innumerables viajes por el medio rural fui percibiendo que nada hubiese sido igual si no hubieran existido esos ciegos copleros, comunicadores de un estilo y una fuerza expresiva imprescindibles, que a su vez crearon un tipo de espectador inocente y morboso, capaz de creer en lo que se le transmitía con tanta convicción como detalle.
Llegado el momento pues, decidí hacer un disco con algunos de los más populares relatos que habían viajado por España durante los siglos XVIII y XIX, e incluso a comienzos del XX. Seleccioné 8 temas, en versiones escuchadas a personas que los habían aprendido generalmente en su infancia, y pedí a Toño y Félix -el dúo Candeal- que hiciesen de lazarillos acompañándome con su guitarra y su laúd.
El disco se grabó en los estudios Sonoland y contamos para la grabación con un ingeniero de sonido de lujo, Raúl Marcos, por entonces responsable del estudio y una de las personas que más sabía de recursos sonoros y técnicos.
Entre los romances estaban el famoso “Crimen de Ceclavín”, los hermanos huérfanos “Enrique y Lola” que se encontraban después de una existencia de desgracias o “La militara” (caso relativamente reciente pues había sucedido en Valladolid en 1951 y contaba un suceso real acontecido con una joven que había hecho el servicio militar en Automovilismo sin que nadie se diera cuenta de que era una mujer)…
También incluí “Rosina encarnada”, un romance de la guerra de África del que había hablado muchas veces con Miguel Delibes pues él lo conocía muy bien y se lo había hecho cantar a uno de sus personajes, la Domi, en El príncipe destronado.
Para terminar, y en vez de escoger para la portada del disco (que apareció en el sello Serano) una figura clásica de ciego coplero, preferí buscar un grabado en cobre que podría haber ilustrado perfectamente cualquier pliego dieciochesco.
Joaquín Díaz (Mayo 2020)



