Presentación de “Mi primer concierto” (Urueña, 10 octubre 2019)

El centro E-Lea Miguel Delibes de Urueña (Valladolid) será testigo mañana -10 de octubre 2019- de la presentación del “nuevo trabajo” de Joaquín Díaz: “Mi primer concierto“. Entrecomillamos las palabras “nuevo trabajo” porque se trata de la primera grabación conservada de un recital de Joaquín. Fue realizada por un equipo de Radio Nacional de España y tuvo lugar en abril de 1968.

Joan Manuel Serrat, Juan Pardo y el Dúo Dinámico eran algunos de los rostros que en los últimos sesenta copaban las portadas de “Genial”, la revista femenina que organizó el primer concierto de Joaquín Díaz del que se guarda memoria sonora, y que ahora ha recuperado el periodista José Ramón Pardo.

Recién aterrizado de Estados Unidos, Joaquín Díaz cruzó la aduana con una maleta repleta de melodías sefardíes, cantos espirituales y un inédito repertorio del folk americano y cancionero hispanoamericano que tuvo la osadía, a sus veintiún años, de circular en la España del último Franquismo.

“Acababa de regresar de América, me entrevistó Ángel Álvarez en su programa (‘Vuelo 605’/Radio Peninsular) y di un recital privado en la Casa Americana por mediación de Michael Rockland. Allí fueron las chicas de Genial y me propusieron actuar”, ha explicado Díaz en una entrevista con la Agencia Efe.

Ese fue el origen del concierto celebrado en Madrid, el 21 de abril de 1968, que Radio Nacional de España grabó en un colegio de las Madres Carmelitas y acaba de recuperar José Ramón Pardo en un disco (‘Mi primer concierto’/Rama Lama) como fedatario de la precoz madurez de Díaz, su amplitud de miras, talento interpretativo y una obsesión por la tradición a la que ha consagrado toda su vida.

Un año antes, en 1967, editó su primer disco (“Recital”) con la apariencia de una actuación en directo que no fue real, sino que contó con el concurso de varios amigos para dotar a esa grabación del verismo que imprimía a sus actuaciones.

“Cada uno de los cantautores de esa época tenía su propia personalidad, los había que siempre estaban reivindicando cosas como Elisa Serna y la mía era que la música tradicional no podía desaparecer. Ese era mi sentido”, ha evocado respecto a una etapa (1968-1974) en la que protagonizó centenares de recitales.

Todavía recuerda cómo fue ese ‘primer concierto’, con una americana a cuadros, la barba lincolniana, un micrófono y amplificador para la guitarra y el banjo de cinco cuerdas que le enseñó a tocar Nick Haroldson, un atril, el vaso de agua, el torrente de una voz grave, bien timbrada, y un repertorio ecléctico pero convergente en las obsesiones y preocupaciones del ser humano.

“Era siempre el mismo: música sefardí, del mundo y de España, muy diverso. A la gente le gustaba y le daba lo mismo que cantara algo de Bob Dylan que una canción espiritual”, ha evocado.

Pero también dibuja ese recital un fresco social de la España de entonces con una censura más porosa, y no sólo desde un catálogo musical cosmopolita y pródigo en mensajes de libertad, sino también en la respuesta de un público juvenil, entregado y cómplice en el anhelo de descubrir más horizontes como se aprecia en la grabación.

Y Joaquín Díaz lo explicaba en sus conciertos al desentrañar el origen, naturaleza y sustancia de cada tema antes de su interpretación, siempre con el visto bueno del censor que le visitaba antes de cada recital para verificar el contenido y firmar el ‘nihil obstat’ de turno.

“Iba un policía que te preguntaba lo que ibas a cantar, casi siempre era el mismo, le enseñaba el repertorio y se marchaba antes de subirme al escenario. Éramos viejos conocidos y todo como muy familiar”, recuerda con humor.

Diecisiete temas grabó RNE de aquel concierto que cantó en inglés (“Jefferson and liberty”, “When first unto this country” o “Old Joe Clark”), temas tradicionales de Estados Unidos, una balada de origen irlandés y otra ambientada en la I Guerra Mundial), pero también en ladino o sefardí (“Avridme galanica”), el castellano antiguo que hablaban los judíos españoles antes de su expulsión en 1492.

De la variedad y riqueza española seleccionó piezas del folclore catalán (“El noi de la mare”), astur-galaico (“Carretera abaxo va”) y castellano (“Eres alta y delgada”), que cantó en sus respectivas lenguas, además de un espiritual afroamericano (“Kumbaya”), una pieza tradicional hindú (“Raghupati”) y un tema de la antigua colonia portuguesa de Goa en idioma konkani (“Ao saibá”).

“Ahora, cincuenta años más tarde, pienso que tenía muchas posibilidades (artísticas), pero elegí una que me pareció la más positiva para mí mismo y la sociedad de aquel tiempo. El único cambio es que en vez desde el escenario lo he hecho desde los libros y las conferencias, pero la idea ha sido siempre la misma. Hoy cantaría las mismas cosas y con el mismo sentido”, ha concluido.

Texto de Roberto Jiménez (pincha aquí para acceder a su publicación en “La Vanguardia”

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